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¿Cuál es la diferencia que existe entre autoconcepto y autoestima, según psicólogos?

 El comportamiento de los seres humanos y la forma en la que se apropian de sí mismos es un tema de interés para la psicología.

Términos como el autoconcepto y la autoestima salen a relucir en la rama de estudio de la piscología, la cual aborda la mente y otras variables.

Usualmente, varias personas asisten a una terapia para hablar de la autoestima, tratar de mejorarla y apoderarse de su ser. Sin embargo, junto a ella está el autoconcepto que, aunque parecen palabras parecidas y tienen relación, también discrepan en su significado.

Teniendo en cuenta datos recopilados por el portal de economipedia“el autoconcepto es la imagen que tiene uno sobre sí mismo y la autoestima es la valoración subjetiva que hace una persona de sí misma”.

En ese sentido, los conocedores del tema dicen que se trata de dos conceptos que tienen un vínculo cercano, pero a su vez hay que conocer sus diferencias.

De acuerdo con expertos del centro profesional Isanep, Neuropsicología, Neuroterapia y Logopedia, el autoconcepto se limita a exponer una idea de sí mismo, pero el valor de esa idea y de cómo se siente de forma positiva o negativa lo da la autoestima.

De esta manera, existen varias alternativas, que desde la psicología se comparten, para comprender la diferencia que existe entre autoconcepto y autoestima, como:

  • El autoconcepto puede ser entendido como la imagen que cada persona tiene de su propio ser en la mente, mientras la autoestima es la valoración de cada una de esas imágenes o percepciones. Los neuro psicólogos indican que esto depende de los desniveles entre el autoconcepto real y el autoconcepto ideal.
  • Mientras el autoconcepto no se centra en dar juicios de valor, la autoestima se centra en mostrar “cómo nos juzgamos a nosotros mismos y a cada idea o característica, valorándose como cualidad o defecto”, según Isanep.
  • El autoconcepto es considerado como un término que da a conocer datos o información objetiva, pero la autoestima es una opinión dada desde la subjetividad de cada quien.
  • El autoconcepto es cognitivo -del propio conocimiento- y la autoestima es emocional -ligada a los sentimientos-.
  • El autoconcepto suele estar relacionado con ideas o puntos de vista que se efectúan desde el uso del lenguaje, con el uso de palabras, mientras la autoestima al ser emocional y subjetiva, no se comunica del todo a través de las palabras, más bien tiene como base el componente ideal e imaginativo del propio ser.
  • Es más complicado cambiar la autoestima que el autoconcepto, explican los psicólogos.

Por otro lado, el blog de Psicología y Mente consigna que a pesar de que existen diferencias entre estos dos términos, se debe tener claridad de que cada uno es un “constructo teórico de la psicología”. En ese orden de ideas, son conceptos que contribuyen a las personas a comprender cómo piensan y cómo actúan, pero “no describen elementos de la realidad claramente diferenciables”.

En adición, los especialistas, como el psicólogo Arturo Torres, de la Universitat de Barcelona, precisa que el autoconcepto y la autoestima ocurren de manera conjunta; “como prácticamente todos los procesos mentales y fenómenos subjetivos que experimentamos, son el resultado de un sistema en bucle de partes del cerebro que funcionan a una increíble velocidad y que están interactuando constantemente con nuestro entorno coordinándose entre sí”, aclara el experto, mientras hace énfasis de que en el ser humano no puede existir autoconcepto sin autoestima, y viceversa. 

Por otra parte, varios conocedores del tema dicen que existen hábitos para mejorar la autoestima, como:

originalmente publicado por el portal Semana :https://www.semana.com/vida-moderna/articulo/cual-es-la-diferencia-que-existe-entre-autoconcepto-y-autoestima-segun-psicologos/202218/
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¿Para que sirven las terapias de pareja?

Las discusiones, el malestar en la convivencia, la rutina, la falta de sexo, o las infidelidades son los motivos más comunes por los que una pareja decide ir a terapia para salvar su relación o para, al menos, intentarlo. Hay quienes acuden cuando empiezan a ver indicios de que algo no está yendo como esperaban, pero en la mayoría de los casos se espera una media de entre cinco y seis años, cuando la relación está ya más que desgastada. La clave está en ir cuando ambos miembros lo sientan y tengan además los mismos objetivos, de nada vale si uno quiere recuperar la relación y el otro romperla.

“Es difícil detallar cuándo una pareja debería acudir a terapia, por eso lo importante es que sea cuando ambos lo sientan”, asegura a ELMUNDO Ares Anfruns Nomen, responsable del Área Clínica de Institut Gomá. Tiene que haber primero voluntad, ganas de querer solucionar las cosas, y segundo, motivación. “Es recomendable acudir a este tipo de procesos cuando las parejas tengan malestar o insatisfacción, quieran resolverlo y tengan ambos el mismo o los mismos objetivos”, señala la especialista.

Para José Bustamante, secretario general de la Asociación Española de Especialistas en Sexología y autor del libro ¿En qué piensan los hombres?, el mejor momento para acudir a una terapia es cuando “empezamos a sentir que no nos entendemos, que trato de explicar algo y tengo la impresión de que el otro no sabe lo que quiero decirle”. La terapia es mucho más eficaz si se acude nada más observar el malestar en la relación que si se deja pasar y pasar el tiempo hasta que el desgaste pueda más que cualquier cosa. De hecho, mantiene el experto, “el porcentaje de éxito de una terapia de pareja está en torno al 70%. Sin embargo, es mucho más alto si la pareja acude antes, como mucho, dos años después de que aparezcan los primeros problemas”.

Pero la realidad es otra bien distinta según reflejan diferentes estudios, centrados en parejas que acuden a consulta. “Se suele esperar entre cinco y seis años en acudir a terapia, a pesar de haber observado indicios de que la relación no funciona tan bien como les gustaría”, explica Bustamante. En estos estudios no se contemplan a las parejas que nunca acudirán a terapia. Sea como fuere, comenta el experto, “la realidad es que, por desgracia, el perfil de parejas que acuden a consulta suelen ser el de una pareja que a pesar de saber que aún se quieren, llevan años acumulando frustración, enfados, decepciones, distanciamiento y frialdad”.

Por su parte, Eduardo Torres, director de la Unidad de Familia del centro psicológico Instituto Centta de Madrid, aconseja ir a terapia cuando haya un conflicto que, aun habiendo intentado arreglarlo, sigue representando un problema para alguno de los dos miembros de la pareja. Aunque lo ideal, dice, es venir cuando haya un ‘atasco’ en la relación.

Las claves del proceso
Una terapia de pareja no sólo vale para recuperar la relación, sino también para tener una ruptura lo menos conflictiva y dolorosa posible. De modo que el objetivo de todo es “que la pareja se comunique y resuelva lo que quiera resolver para sentirse mejor consigo mismo y con el otro”, mantiene Anfruns Nomen, sea para recuperar la relación si ambos así lo desean, o bien para romperla de la mejor de las formas.

Según señala Bustamante, la Association of Marriage and Family Therapists de EEUU indica que tres de cada cuatro parejas que acuden a terapia admiten una mejoría en su relación. A título personal, comenta este especialista, el 90% de las personas que acuden a terapia de pareja con personas expertas mejora su estado de ánimo, además dos tercios de estas también experimentan mejoras en su salud y en su desempeño laboral.

Lo primero que se hace en estas terapias es encontrar el verdadero problema. La mayoría de las parejas viene a consulta porque discuten mucho, pero “detrás del ruido, hay conflictos sin resolver”, indica Torres. Por tanto, lo primero que hay que poner sobre la mesa es el problema real por el cual la relación no funciona como antes.

Después, añade el experto, hay que trabajar el diálogo frente al monólogo. Es decir, es necesario empatizar con el otro, escucharle, saber qué le ocurre realmente e intentar entenderlo. Por eso, añade Bustamante, lo principal en terapia es enseñar a: saber escuchar, ponerse en los zapatos del otro, aprender a comunicar lo que sentimos o nos molesta sin herir a la otra persona, responsabilizarnos de nosotros mismos, huir de la dependencia emocional, aprender a discutir, atender y cuidar la relación de pareja, y a poner unas bases para volver a ilusionarse.

“En los problemas de pareja los dos son parte del problema y los dos son parte de la solución”, insiste Torres. Dependiendo de la pareja en cuestión y del motivo que le hayan traído hasta aquí, se utilizarán unos recursos u otros, pero todos tienen los mismos objetivos: que la pareja aprenda a resolver sus conflictos, a gestionarlos porque “una pareja feliz no es aquella que no los tiene, sino aquella que sabe adaptarse y enfrentarse a ellos”, mantiene los expertos. Al final de la terapia, explica Anfruns Nomen, las parejas deciden seguir juntos o no, pero esta decisión es consciente, hablada y compartida entre ambos.

La terapia es por tanto un recurso más, cada vez más utilizado en nuestros días porque ya no se ve con tanto estigma como hace algunos años, al que las parejas pueden recurrir si así lo desean ambos. Bien para recuperar lo que un día perdieron y crecer en la relación sin que sea demasiado tarde para recoger los restos del naufragio. O bien para aceptar y afrontar que la relación ha terminado sin que suponga ni mucho menos, una derrota, pues en ocasiones, la ruptura es la mejor de las soluciones. Tal como concluye Bustamante, “una terapia de pareja nos ayudará a conocernos individualmente y, sobre todo, nos enseñará a ser mejor pareja en esta, o en futuras relaciones”. 

originalmente publicado por BEATRIZ G. PORTALATÍN Madrid por ElMUNDO.es